
Por Víctor Octavio García
Perdido
Hace diez o doce años padecí mucho de vértigos, todavía no había encontrado la “cura” que en lo personal me ha funcionado bien, seguido tenía crisis, cada vez que me daban preferiría morirme –la verdad que no se lo deseo ni a mi peor enemigo–, me tiraba en el suelo, vomitaba e incluso llegue hacerme del dos; un día me recomendó el “Pilarillo” Almaraz que masticará hojas y flor de palo de arco y me las tragara bien masticada, también la flor de palo adán, me dijo, a partir de entonces comencé a masticar hojas y flor de palo de arco –muy amargas por cierto, como el “guereque”– no solo para prevenir el vértigo sino para atemperar las crisis, la flor de palo adán la masticó solo cuando ando en el monte, palos de arco donde quiera hay.
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