En la Opinión de Alfredo González

Un hombre llamado Rufino Gonzalez Sanchez: así se templó el acero.

Amasado con el metal del valle perdido, cuna del tronco genealógico de los Gonzalez, lo templo la tierra de la plata, metal incorruptible.

Como una coincidencia agradable Rufino Gonzalez Sanchez pudiera llamarse la médula por las dos sangres de los Torreblanca Sanchez, Sala Sanchez, Gonzalez Gonzalez, Morales Gonzalez. Su rostro fue acariciado por los vientos del norte y el espíritu del metal le quedó impreso en su ser. No cumplía los veinte años cuando le entró el gusanillo de ver que había más allá de las playas cuando dejó atrás al Valle Perdido y así aspirar el saludable aire del mar y la melancolía de los ocasos que le apaciguaba el espíritu.

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