¡Qué tiempos aquellos!
Por Víctor Octavio García
Noqueado
* Lo que natura no da Salamanca no presta

Hace rato, inconscientemente comencé a “tararear” un viejo tango de Gardel que me remiten a juventud siempre presente en mis más de 60 años de descamisado; el tango lo cantamos cuando salimos del 6to año de primaria cuyas primeras estrofas dicen, “Adiós muchachos, compañeros de mi vida/Barra querida de aquellos tiempos/Me toca a mí hoy emprender la despedida/Debo alejarme de mi buena muchachada/Adiós muchachos. Ya me voy y me resigno/Contra el destino nadie es la talla/Se terminaron para mi todas las farras/Mi cuerpo enfermo no resiste más /. Acuden a mi mente/Recuerdos de otros tiempos/De los buenos momentos/ Que antaño disfrute/Cerquita de mi madre/Santa viejita/y de mi noviecita/Que tanto idolatre”, justo al año de 1967, que al no existir cuarto año de primaria en mi tierra (Caduaño) tuve que trasladarme a Miraflores a terminar la primaria en el internado y albergue de ese lugar, la verdad un auténtico edén; huertas con árboles frutales, tierras de cultivo, mucha agua rodada (ojos de agua), puercos, gallinas, ganado vacuno y chivas, prácticamente había de todo, en el internado coincidíamos estudiantes de El Mesquite, Caduaño, Las Casitas, El Ranchito, Boca de la Sierra, El Romerillal, San Jorge, Agua Caliente, El Chorro, Las Cuevas, El Campamento e incluso de Santa Cruz que apenas se había fundado, Paco Higuera era el director del internado y de la escuela primaria José L. Gabarain, cuya platilla de maestras y maestros los recuerdo con mucho cariño y respeto; Chachita Monroy, Aleja González, Consuelo Inzunza, Gudelia Verduzco, Blanca Estrada, María Ceseña y como maestros Benigno Fructoso Navarro, Cirilo Ruiz y Manuel Castro y Victorino Martínez Suarez, este último maestro jubilado, un verdadero forjador de generaciones, toda una leyenda en los juegos territoriales donde participó infinidad de veces obteniendo casi siempre o siempre primeros lugares, Victorino nos daba educación física y su predilección era el atletismo, los deportes que le dieron vida a las olimpiadas replicadas de la gloriosa Roma, de la Roma de los Césares.