En la Opinión de Alfredo González

Dos dictadores, un gobernador y al parecer un presidente municipal.

Alguien dijo alguna vez y no me da la gana recordar quien fue que la historia siempre se repite. En la antigüedad hubo un sujeto llamado Nerón, emperador de Roma (año 54 a 68) que gustaba de incendiar para inspirarse en sus horripilantes versos y que quienes le escucharon aplaudían a rabiar so pena de ser víctimas de leones hambrientos. Tigelino, guardia de los wuachos nacionales (guardia pretoriana), enemigo jurado de Petronio, le decía al zápatra que le diera su opinión sobre sus composiciones a sabiendas de que eran horribles. El árbitro de la elegancia pretónica fue inquirido por el dictador y le repuso: son sencillamente horripilantes, Tigelino sonrió a sabiendas que era una ofensa para el emperador. Entonces Nerón, con el rostro descompuesto preguntó el porqué de esa opinión. Petronio que era un avezado en la experiencia oral le digo: efectivamente es lo más horripilante que se ha escuchado cuando tu como hijo de los Dioses podrías hablar de cosas hermosas, al mismo tiempo que le cambiaba el rostro al más estúpido del rey de los imbéciles.

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