Como nunca el desarrollo desenfrenado que se vive en las comunidades, viene afectando a las familias nativas que son obligadas a vender sus propiedades o bien, de repente enfrentan demandas de poderosos consorcios inmobiliarios que transforman las regiones.
A veces se dice de broma, pero en muy pocas ocasiones en serio. Estas expresiones me han acompañado a lo largo de mi vida y de vez en cuando se topan en los temas de conversación entre vaciladas de los choyeros, pero… sí hay algo de fondo.
Por eso cada vez que capto «movimientos extraños» reflexiono y de nuevo acudo a los documentos que ha venido presentando Cuauhtémoc Morgan ya sea en los editoriales como el caso del Golfo de California o bien, a consultar sus dos últimos libros donde aporta mucho al tema de la soberanía.
En 1889 el representante por el estado de California William Vandever impulsó una iniciativa para que el gobierno de los Estados Unidos adquiriera la península de Baja California, a fin de desarrollar y extender la actividad comercial en la región.
Meses antes había visitado el Puerto de Ensenada y pudo observar el potencial de esta parte de México, por los trabajos que llevaba a cabo la Compañía Internacional que se convirtió en la empresa normadora del desarrollo de la región que además contemplaba la construcción de un ferrocarril transpeninsular hasta La Paz partiendo de San Quintín, del que solamente se construyeron 25 kilómetros.