
Una blanca conchita se abrió hacia el espacio.
Una conchita de mar se había abierto por las noches hacia el cielo, ahí esperaban entre los marismas sus seres queridos, buscando la esperanza que nunca muere.
Guillermo: Había plurado al cielo al supremo ascedor que la conservara como una de sus coronas pero no fue posible.
El destino había jugado los dados y ella pasaría a formar parte de una de las lumínicidades de la corona celeste.
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