
El desierto del Sahara tiene una superficie aproximada de 100 millones de kilómetros cuadrados.
Fue el escenario que seleccionó el faraón para castigar siendo el heredero encabezó las obras principales del antiguo Egipto.
Hay que decir que Moisés fue producto de su tiempo y sus circunstancias.
Seguir leyendo «En la Opinión de Alfredo González»