
La Paz (California) — La crisis interna del Partido Acción Nacional en La Paz volvió a exhibirse este viernes con la renuncia del regidor Abraham Almendáriz Puppo a su militancia panista y su anuncio de que seguirá en el Cabildo bajo la etiqueta de “independiente”. El movimiento no es menor: se trata de un reacomodo que debilita a la oposición en el Ayuntamiento y deja más preguntas que respuestas sobre los verdaderos motivos detrás de la ruptura.
De acuerdo con lo documentado por Bitácora BCS, la renuncia fue formalizada el 29 de enero de 2026 y recibida por el Ayuntamiento el 30 de enero; en su escrito, el regidor sostiene que su decisión es “personal y voluntaria” y que continuará ejerciendo el cargo sin afiliación partidista.
El discurso suena correcto en el papel, pero en la calle y dentro del PAN la lectura es otra: “independiente” no siempre significa independiente; muchas veces es el puente más corto hacia el voto alineado con el poder en turno, sin pagar el costo público de un cambio abierto de camiseta.
El punto que enciende la polémica no es solo la renuncia, sino el contexto: versiones dentro de la militancia panista señalan que la salida del regidor fue “convencida” desde el gobierno municipal y que habría mediado un viaje a España con cargo a recursos públicos, bajo el argumento de “promoción turística”.
Aquí el Ayuntamiento tiene un problema: la duda ya está instalada y no se mata con discursos, se mata con documentos.
Más aún, una columna de El Universal colocó el tema en el debate nacional al señalar que, “con el pretexto” de la Feria Internacional de Turismo (FITUR), varios funcionarios —incluidos regidores de La Paz— habrían hecho el viaje en medio de críticas ciudadanas por tratarse de “vacaciones pagadas”, mencionando explícitamente a Almendáriz Puppo entre quienes viajaron.
Eso no prueba por sí mismo que el viaje haya sido un “premio” por renunciar, pero sí vuelve inevitable la exigencia pública: ¿quién pagó, cuánto costó y con qué justificación legal?
PAN: “no es propiedad, es mandato ciudadano”
La reacción panista fue dura. El dirigente estatal Rigoberto Mares Aguilar recordó que una regiduría de representación no es “propiedad” personal, sino un encargo ciudadano, y calificó la decisión como una falta de congruencia y de respeto a quienes votaron por ese proyecto.
Y ese es el fondo del escándalo: la figura de “independiente” no puede ser la coartada para negociar en lo oscurito. Si el regidor quiere sostener que ya no responde a un partido, tendrá que demostrarlo con hechos: votos, posturas y decisiones públicas que no huelan a línea política.
La Paz no necesita más “independientes” de papel. Necesita servidores públicos que expliquen con claridad sus decisiones, y gobiernos que dejen de operar la política como si el Ayuntamiento fuera agencia de premios, viajes y lealtades.
Si no hay nada que ocultar, que lo prueben: que abran los números, publiquen los documentos y se acabe la sospecha. Porque cuando la política se mezcla con viáticos y silencios, el ciudadano siempre paga… aunque no se suba al avión.
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