
Agua, presión y soberanía: la disputa histórica entre México y Estados Unidos por el Río Colorado y Baja California
La relación entre México y Estados Unidos en materia de agua ha sido, desde sus orígenes, una de las negociaciones más complejas, tensas y políticamente sensibles entre ambos países. Lejos de tratarse únicamente de acuerdos técnicos sobre volúmenes hídricos, el manejo del agua ha estado históricamente vinculado a presiones diplomáticas, disputas territoriales y cuestionamientos directos a la soberanía mexicana.
Desde principios del siglo XX, el control del Río Colorado, la península de Baja California y el acceso al Golfo de California (Mar de Cortés) han sido piezas clave de una estrategia geopolítica que se reactiva cada vez que la escasez hídrica se profundiza en el suroeste de Estados Unidos.
1904: el primer intento formal de desviar el Río Colorado
El 18 de abril de 1904, el Senado de los Estados Unidos discutió uno de los primeros proyectos formales para desviar el caudal del Río Colorado. La iniciativa fue promovida por la empresa privada California Development Company (CDC), que solicitó al Congreso una ley para declarar no navegable el río en su punto de desviación.
El objetivo era garantizar legalmente el suministro de agua para el riego del naciente Valle Imperial, en California, a gran escala.
El proyecto contemplaba irrigar:
- Entre 202,000 y 243,000 hectáreas en Estados Unidos.
- Entre 81,000 y 101,000 hectáreas en Baja California, México.
Para ello, la empresa reclamaba la apropiación de aproximadamente 283 metros cúbicos por segundo del Río Colorado, un volumen que, de acuerdo con registros oficiales, superaba el caudal histórico del río en la mayoría de los meses medidos hasta entonces.
Infraestructura en territorio mexicano: un riesgo estratégico
Para hacer viable el proyecto, el canal principal de conducción fue construido dentro del territorio mexicano, atravesando entre 80 y 96 kilómetros de Baja California.
Este canal estaba diseñado para alcanzar una anchura cercana a 30 metros y una profundidad aproximada de 3 metros, lo que lo convertía en una de las obras hidráulicas más grandes de su tiempo en la región.
Aunque la empresa reconocía su obligación de suministrar agua a tierras mexicanas —lo que implicaba destinar cerca de una cuarta parte del volumen desviado—, el control operativo del sistema permanecía en manos de intereses privados estadounidenses, lo que colocó a México en una posición de vulnerabilidad hídrica y territorial.
Advertencias tempranas: el riesgo de un monopolio del agua
Durante las audiencias en el Senado, diversos opositores alertaron sobre las consecuencias del proyecto. Entre ellos destacó William E. Smythe, quien sostuvo que la concesión solicitada equivalía a un monopolio del Río Colorado.
Smythe advirtió que:
- El volumen reclamado excedía la capacidad real del río en la mayoría del tiempo.
- La desviación masiva afectaría gravemente la navegabilidad, en posible violación del Tratado de Gadsden.
- Permitir que una empresa privada controlara un río internacional sin el consentimiento de ambas naciones podía derivar en conflictos diplomáticos graves o incluso en un enfrentamiento internacional.
El Tratado de Aguas de 1944: un acuerdo bajo fuerte presión política
Estas tensiones históricas desembocaron décadas después en el Tratado de Aguas de 1944, firmado el 3 de febrero de ese año, que reguló el uso de las aguas de los ríos Colorado, Bravo y Tijuana.
La ratificación del tratado no fue sencilla. Legisladores de California expresaron una oposición abierta, argumentando que el acuerdo comprometía recursos estratégicos y obligaba al Congreso de Estados Unidos a realizar asignaciones presupuestales sin su autorización previa.
Incluso, la Legislatura del Estado de California envió una resolución formal solicitando al Senado estadounidense que no aprobara el tratado.
Baja California en el debate: la tentación territorial
En medio de estas discusiones surgió un elemento particularmente delicado: la península de Baja California fue mencionada como posible objeto de negociación.
El 8 de febrero de 1944, el representante Carl Hinshaw presentó ante la Cámara de Representantes la Resolución Conjunta H. J. Res. 232, titulada “Proposed Purchase of Baja California”, cuyo objetivo era autorizar negociaciones para la adquisición de la península y territorios adyacentes.
Aunque esta propuesta no se convirtió en una condición formal del tratado, su presentación evidenció que el agua era vista como una palanca para avanzar intereses territoriales históricos.

Arizona y la búsqueda de una salida al Mar de Cortés
Paralelamente, el estado de Arizona ha mantenido durante más de un siglo un interés constante por obtener una salida directa al Golfo de California.
Desde finales del siglo XIX se han planteado propuestas para:
- Adquirir puertos en Sonora.
- Obtener una franja territorial que conectara Arizona con el mar.
- Garantizar acceso a puertos de aguas profundas para reducir costos logísticos y fortalecer su economía.
Este interés ha llevado a Washington a obstaculizar reiteradamente los intentos de México por declarar al Golfo de California como aguas interiores plenamente soberanas.
La crisis hídrica actual y los nuevos proyectos
En el contexto de la sequía extrema que enfrenta Arizona, el tema del agua ha vuelto a convertirse en un eje de presión.
Entre los proyectos impulsados destacan:
- Plantas desalinizadoras en Puerto Peñasco, Sonora.
- El transporte de agua desalada hacia territorio estadounidense.
- La posibilidad de intercambiar agua desalada por parte de la asignación mexicana del Río Colorado, vinculándolo a la creciente deuda hídrica de México bajo el Tratado de 1944.
Especialistas advierten que estos proyectos no solo buscan resolver un problema técnico, sino que podrían abrir la puerta a nuevas formas de control territorial y presión diplomática.
Riesgos para la soberanía mexicana
Análisis estratégicos han señalado que existe un interés geopolítico de largo plazo sobre Baja California, considerada una zona clave por su ubicación, recursos naturales y valor estratégico.
La combinación de proyectos hídricos, portuarios y energéticos podría afectar la integridad territorial del país, debilitando el control mexicano sobre la península y el norte del Golfo de California.
El agua como instrumento de poder
La historia demuestra que la negociación del agua entre México y Estados Unidos ha estado marcada por asimetrías de poder, presiones políticas y tentaciones territoriales.
Desde 1904 hasta la actualidad, el agua ha sido utilizada no solo como recurso vital, sino como instrumento de influencia geopolítica, colocando a México frente a uno de los mayores desafíos para la defensa de su soberanía en el siglo XXI.
BIBLIOGRAFÍA: Fronteras Líquidas en Peligro, Independizar la Baja California de Cuauhtémoc Morgan.
Más información sobre Tratado del Agua y la Baja California en:
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