
Un héroe olvidado vuelve a levantar vuelo:
Ciudad de México.— A casi nueve décadas de haber desafiado la lógica, la tecnología y hasta el sentido común de su época, el joven michoacano Miguel Carrillo Ayala, conocido cariñosamente como “Pinocho”, finalmente ocupa el lugar que siempre mereció: un sitio de honor en la Galería de Pioneros de la Aviación Civil Mexicana, dentro del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
El homenaje, concretado gracias al impulso y recursos de la Fundación Miguel Carrillo Ayala A.C., revive la historia de un visionario que, desde un modesto taller artesanal en Zitácuaro, imaginó y construyó lo que se considera la primera aeronave mexicana fabricada por manos civiles.
Un genio autodidacta que desafió al destino
En 1936, cuando México apenas exploraba los primeros capítulos de su historia aeronáutica, Carrillo Ayala ensambló un avión con materiales que hoy resultarían impensables:
• tubería ligera como estructura,
• alas de madera,
• y un motor Ford de cuatro cilindros al que adaptó una hélice también de madera.
Más que un invento, era un acto de fe. Sin certificaciones, sin instructores y sin simuladores, aquel joven de Agostitlán se lanzó a volar confiando únicamente en su talento y en una mezcla irrepetible de audacia e ingenio.
Su primera travesía, entre Morelia y Zitácuaro, validó que el sueño era posible. Pero su hazaña definitiva ocurrió cuando piloteó su creación desde Zitácuaro hasta la Ciudad de México, aterrizando precisamente en la pista donde hoy se levanta el AICM. Ese día, “Pinocho” no solo aterrizó un avión: inscribió su nombre en la historia aeronáutica de México.
De aviador empírico a oficial del aire
Sus proezas no pasaron desapercibidas. Aquellos vuelos —hoy considerados récords históricos— lo llevaron a incorporarse a la Fuerza Aérea Mexicana, donde se graduó como teniente y posteriormente ascendió al grado de capitán piloto aviador. Con disciplina, arrojo y una vocación irrenunciable por el cielo, transformó su sueño artesanal en una carrera profesional.
Un sudcaliforniano por convicción
Aunque nacido en Michoacán, Carrillo Ayala es recordado como un sudcaliforniano por adopción.
En Baja California Sur impulsó el desarrollo de la aviación comercial y colaboró en la operación de líneas aéreas que conectaron una región entonces aislada con el resto del país. Desde el desierto hasta las pistas improvisadas, dejó una huella que aún se reconoce entre familias y pilotos de La Paz y sus alrededores.
Sus restos descansan en el panteón Los San Juanes de la capital sudcaliforniana, donde su legado se mantiene vivo entre generaciones.
El reconocimiento que tardó 89 años
El 28 de noviembre de 2025 marcó el inicio de una nueva etapa en la memoria histórica del país: Miguel “Pinocho” Carrillo Ayala se convirtió en el primer piloto civil mexicano en ingresar a la galería dedicada a los personajes que dieron origen a la aviación nacional.
En la ceremonia participaron familiares y representantes de Zitácuaro, Agostitlán, Ciudad de México y La Paz, quienes celebraron que, al fin, el país reconoce al constructor, al piloto, al soñador y al héroe que nunca buscó aplausos, solo volar.
Un avión que sobrevivió al tiempo
Como si el destino hubiese querido conservar intacta su leyenda, el emblemático avión construido por Carrillo Ayala se mantiene en perfecto resguardo en el Museo de Aviación Militar, ubicado cerca del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Allí, la aeronave original sigue recordando a los visitantes que la valentía y la creatividad también pueden despegar desde la humildad.
Miguel “Pinocho” Carrillo Ayala fue más que un piloto:
fue el niño que se negó a dejar de soñar, el joven que se atrevió a volar y el hombre que abrió el cielo para quienes vendrían después.
(Con información y fotografías de Evaristo Murillo Estrada).
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