
Loreto (California) — El municipio amaneció sumido en un dolor profundo. Este viernes, los seis miembros de la familia Higuera Ceseña, asesinados a manos de un comando armado antes del amanecer del pasado miércoles en la colonia Miramar, fueron sepultados en el panteón municipal, en una escena que estremeció hasta al corazón más firme.
Lo que inició como un cortejo fúnebre se transformó en una expresión colectiva de duelo y desconsuelo. Cientos de habitantes, aún con miedo de salir a las calles, decidieron acompañar el paso lento de seis ataúdes blancos, recordatorio cruel de vidas arrebatadas, entre ellas la de un menor. Nadie habló fuerte, nadie lanzó consignas… pero cada paso era una súplica. Cada sollozo, un reclamo. Cada mirada al suelo, una herida abierta.
Bajo el cielo claro y enmarcados por las montañas de Loreto, familiares, amigos y vecinos despidieron a las víctimas con un sentimiento compartido: la exigencia de que esta atrocidad no quede impune. Entre lágrimas y abrazos temblorosos, una frase se repitió como plegaria y como sentencia: “El pueblo llora y pide justicia.”
La masacre de la familia Ceseña Romero marca uno de los episodios más oscuros en la memoria reciente de este Pueblo Mágico. Hoy, junto a las tumbas recién cerradas, Loreto no solo sepulta a sus muertos: también deposita una exigencia urgente, impostergable e irrenunciable de paz y protección.
Descansen en paz:
- Adrián Higuera Talamantes (padre)
(Hijos) - Luis Ignacio Higuera Ceseña
- Sheila Higuera Ceseña
- Adrián Higuera Ceseña
- Víctor Higuera Ceseña
- Adrián Talamantes Ceseña
Hoy, Loreto no solo lloró… también despertó.
Con información de Arturo Rodríguez Corona
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