Desde Algún Lugar del País


Adriana Dávila, panista natural

Por Joel Macías de Lara

La reciente postura del PAN de rechazar alianzas partidistas marca un giro estratégico que, aunque no lo diga abiertamente, reivindica la visión que Adriana Dávila sostuvo durante años.

En contraste con una dirigencia acartonada y desconectada de la ciudadanía, Dávila emerge como una figura congruente y representativa del panismo. Este artículo analiza cómo las cúpulas del PAN y el PRI han debilitado sus partidos, y por qué es momento de reconstruir desde la convicción.

Durante años, Adriana Dávila defendió con firmeza que el PAN debía caminar con identidad propia, sin alianzas que diluyeran sus principios. Fue una postura valiente, sostenida incluso cuando las dirigencias nacionales y estatales del PAN —y también del PRI— apostaban por cálculos electorales antes que por convicciones.

Ambos partidos han sido víctimas de sus cúpulas. Las decisiones tomadas desde arriba han debilitado sus estructuras, erosionado su credibilidad y alejado a sus militancias. En lugar de construir proyectos sólidos, se han dedicado a administrar intereses personales.

Quizá Jorge Romero no lo perciba, pero al asumir esta postura, también se ha comprometido a dejar atrás las designaciones que han aislado a los verdaderos panistas.
Y si lo cumple, será el primer paso para reconciliar al partido con su militancia.


El picudo azul.



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