
Puerto San Carlos (California) – Una repentina marea alta de aproximadamente cuatro metros inundó esta mañana varias viviendas del Barrio de la Mantequilla, poniendo una vez más en evidencia la vulnerabilidad crónica de esta comunidad asentada sobre las marismas de la localidad.
El agua superó el bordo de contención provisional –construido con tierra y escombros– e ingresó a al menos diez hogares. Si bien la situación fue controlada gracias a la respuesta inmediata de autoridades y voluntarios, el incidente revela la persistencia de un problema estructural que se repite cada año.
Respuesta Inmediata, Riesgo Permanente
Ante la emergencia, se activaron los protocolos correspondientes con la participación de Policía Municipal, personal de la Armada de México, el Ejército Mexicano, la Administración Portuaria Integral y vecinos. Juntos, trabajaron en el desalojo del agua utilizando una motobomba y creando una salida provisional para devolver el líquido al mar.
Aunque la situación no pasó a mayores en esta ocasión, es crucial destacar que el fenómeno se vio agravado por el oleaje asociado al huracán Priscilla en el Océano Pacífico. La comunidad tuvo suerte: la marea ocurrió de día. De haber sido de noche y con mayor intensidad, las consecuencias podrían haber sido trágicas.
¿Hasta Cuándo? La Urgente Necesidad de una Reubicación
Este evento no es una anomalía, sino la regla. Como señaló Humberto Arias, ex delegado municipal, en declaraciones al sitio «La Cámara de Mike», la solución de fondo es la reubicación de las familias a una zona segura. Anteriormente, se les ofrecieron terrenos en «El Cardonal», una área menos expuesta, pero por razones que merecen comprensión y un nuevo abordaje, los residentes se han mostrado reacios a mudarse.
Una Advertencia que no Puede Ignorarse
Lo sucedido hoy en el Barrio de la Mantequilla es más que una nota policiaca; es una alerta urgente. Los bordos provisionales y las labores de bombeo son paliativos que mitigan el síntoma, pero no curan la enfermedad. La verdadera contención no se hace con escombros, sino con políticas públicas decididas.
Es imperativo que las autoridades, en diálogo con la comunidad, retomen y fortalezcan los esfuerzos para lograr una reubicación. Esperar a que una tragedia mayor —quizás nocturna y con un meteoro más feroz— cobre vidas humanas sería una irresponsabilidad imperdonable. La próxima marea alta no preguntará si es día o noche; la prevención debe ser hoy.
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