ABCdario


Por Víctor Octavio García

 

Crónica

* La vida va

 

0-a-a-guillermo-ochoaHe llegado a cierta edad que veo la vida hasta con indiferencia, y al no querer comparto una célebre expresión de Guillermo Ochoa (el periodista no el jugador de futbol) de que “la vida va”; y va en muchos sentidos; hacer lo que me gusta hacer exige muy poco y reconforta mucho; sonreírle siempre a la vida –incluso reírte de sus propias tragedias– alimenta el alma.

Con poco, muy poco disfrute este domingo haciendo lo que me gusta hacer; disfrutar nuestros paisajes, sus olores y sus ruidos; desde el olor de sanmigueles hasta el suave cantar de un cenzontle. Ese día, (domingo), me aparte del grupo –Isidro Ruiz, Ángel Gajón, Alfonso del Real y Javier Ruiz– para trazar mis propios senderos; después de tomar café con leche recién ordeñada, llenar la cantimplora de agua, colgarme sobre el cinto un cuchillo y los binoculares sobre los hombros y sin arma, y tomé rumbo en dirección; “Al agua de las palomas”: La idea era “husmear”, explorar la zona a ver si veía “juellas” o “trillas” y caerle el lunes temprano con el 30.06; preparar un plan de suerte que Gajón, Del Real, Javier y yo acorralábamos algún “hijuelachingada”, si es que había metido en las hondonadas y cañadas, mientras Isidro revisaba las cañadas y ancones; normalmente así lo hacemos y nos ha dado resultados, nada más que esta ocasión no iba Víctor Guluarte.

Mientras el grupo compacto le dio para las “Tetas de cabra” yo apunte la brújula para “La agua de las palomas”; deje el carro donde siempre lo dejo y a darle, revisando desde el filo de la cuchilla cada cañada, ancón y “sesteadero”; algo que demanda, más allá de esfuerzo, paciencia y sigilo; camine, inicialmente siguiendo unas “juellas” que pensé que eran del Ángel Gajón, pero nunca se descolgaron para “La agua de las palomas”, sino que siguieron derecho y se internaron en el monte en sentido contrario. Más delante me topé con las rodadas recientes de un carro que había estado “parejeado” sobre la sombra de una frondosa uña de gato.

Cerca de allí hay varias lomas no tan pesadas para subir, así que decidí subirme a una para revisar detenidamente con los binoculares los ancones y pequeños limpios donde “sestea” ganado; me senté sobre la orilla y desde ahí tome varias fotos, dos de ellas las subí al “feis” ayer mismo; las fotos son instantáneas que captan el momento, imágenes abstractas e inmóviles, que en la interpretación les imprimes color, movimiento, vida. Apenas estoy aprendiendo a tomarlas con el iPhone, de manera que una buena imagen se logra dándole brillo, acercamiento y accionar el disparador justo en el momento preciso, ni antes ni después.

El rato que estuve sentado sobre la orilla del acantilado, empecé a recordar a mi mamá. Sin darme cuenta se me rodaron las lagrimas y la garganta se me hizo nudo, mientras un Cenzontle, llegó y posó sobre la vara seca de un palo adán, impávido, presumiendo sus mejores notas; no se porqué relacioné mis pensamientos con la llegada del Cenzontle; fue un momento tan rápido, como un flahazo, que me dio la oportunidad de hablar unos segundos con mi mamá; después de ese momento irrepetible emocionalmente me sentí fortalecido, privilegiado, bendecido.

Pasó el tiempo sin darme cuenta; de regreso sobre la estrecha vereda, algunas “juellas” viejas y muy pocas “trilla”; 1; 46 de la tarde, sin viento, mucho sol y clima agradable. No obstante que no llevaba arma, deseaba ver “botando” un “hijuelachingada” y aposté que lo miraría; más delante no ví nada, solo “juellas” fresquecitas de burros mostrencos y ganado caballar sobre mis pisadas.

Llegué al rancho con tremenda sequía y, en lugar de tomar cerveza opté por servirme un baso de café caliente; de comida, bistec de los lomos de uno de “horqueta” que un día anterior habían “tumbado” Ángel Gajón y el Isidro Ruiz, frijol de la olla y tortillas de harina; después que cominos armamos una malillada un rato haciendo tiempo para ir a la leña; como queríamos leña buena, que hiciera brazas, ah pues que mejor que de uñas gato y de palo colorado para asar los costillares al día siguiente. En la zona donde hicimos leña, vimos “juellas” grandes y fresquecitas pero ya era tarde, el Isidro de llevó el 30.06 y camino un rato husmeando sobre las laderas del cerro de “Carlos” (en honor al profesor Carlos Gajón de La Toba, un cerero donde le gustaba cazar).

Entre cinco se facilitó la “leñada”, así que en menos de una hora ya teníamos la carga en la caja del pick up.

Ese día, me aparte del grupo porque no me sentía del todo bien –no les quise decir a nadie– y decidí caminar solo. Todo el día me había sentido irritado, con el cuerpo cortado y ligero dolor de cabeza. Después de la “leñada” comencé a sentirme mal, le comenté a Ángel Gajón y me dio dos pastilla XL 3, tómate las dos, me dijo.

De regreso al rancho decidí venirme y les dije a los demás, lamentaron que no me quedara a jugar malilla y a las costillas asadas de otro día; llene el baso de café y fierro para esta ciudad. Me vine a vuelta de rueda para ver si veía algo sobre la brecha pero nada, salvo algunas “juellas” poco antes de bajar la cañada de la “pimientilla”; hora y media hasta llegar a la carretera, brecha en muy malas condiciones, pésimas condiciones (22 km) que tiene más de 15 años que no le dan una “raspadita”. He gestionado mucho para que le den una “manita de gato” pero sin éxito, como es una zona donde no hay votos, que les importa.

Ayer que hable con el alcalde de Comondú, que es mi amigo, estuve a punto de decirle, aunque la zona donde se ubica el rancho no le corresponde a su municipio, sino al municipio que dizque gobierna Armando Martínez Vega, pero de eso a hablar con el alcalde de La Paz, mejor habló con mi mamá. ¿Échense ese trompo a la uña?.

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a abcdario_@hotmail.com


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