* Complacencias musicales para un paciente
Por Iván Hernández URUSQUIETA
No es que su personal sea muy mariachi para brindar servicios médicos a los pacientes, pero la realidad hospitalaria de San José del Cabo bien podría resumirse con la célebre canción de don Chente Fernández en la exclama con gran entusiasmo que “de tu rancho a mi rancho nomás los suspiros se oyen”.
Y es que la noche de este martes dejó en evidencia las condiciones –diametralmente opuestas- que registra tanto la infraestructura como la atención médica en la cabecera municipal de Los Cabos, porque mientras Peña Nieto inauguraba el Koral hospital –de five stars – allá en el corredor turístico del internacional destino, por acá en el cerro de la colonia Guaymitas –donde está ubicada la clínica 38 del Seguro Social-, Ricardo -un joven trabajador de la construcción- estaba en espera, desde la mañana, a que el personal de la institución se dignara ingresarlo a cirugía, tal cual lo había programado.
De no ser porque su compungido rostro evidenciaba el severo dolor que estaba sufriendo ahí en la sala de espera, cualquiera hubiera imaginado a Ricardo dedicándole esa vernácula melodía –claro con algunas adecuaciones en su letra- al licenciado Peña que esa noche estaba a tan solo un par de kilómetros de distancia… “por tener una lesión me andan tanteado, uy uy uy uy que miedo”.
Hasta podría figurarse uno que sabiendo tan cercana la presencia del Presidente, el pacientito evocaría con enjundia el emblemático carcajeo de Chente “eeh jeje”, pero el dolor de la rodilla que meses atrás le habían mal operado en esa misma clínica hizo que sustituyera el grito ranchero por un lastimoso gemido al estilo Platanito AYYYY GUEEY que resonaba en aquel pasillo del IMSS.
Pero la serenata institucional tenía otro tono musical allá en el Koral Center –emporio hotelero, comercial y hospitalario que la familia del ex Presidente Zedillo inauguraba esa noche de martes en el corredor turístico de Los Cabos- porque en ese tipo de galas, no hay cabida para la música campirana que, al igual que las carencias populares, son cosa de nacos para los mirreyes.
Ahí, en la inauguración de ese complejo hospitalario- turístico que fue construido con un presupuesto de mil millones de pesos desembolsado (según afirman los especialistas y uno que otro mitotero- por la familia del Presidente que saltó a la fama institucional por cometer el error de diciembre y crear el FOBAPROA) seguramente se escuchaban melodías que armonizaban con el publico presente.
No sería raro que en esa velada haya resonado aquel tema que los Hitters hicieron célebre en la década del sesenta. “Y ahora soy un hombre que les causa admiración, porque tengo mis millones y chamacas de a montón”. Quizá, para no verse tan oldies, le dieron play a la rola de “muñecos de papel”, no en alusión a los presentes, sino como homenaje al grupo musical en que estuvo la primera dama durante sus inicios artísticos.
Ahí, en ese arrecife de la medicina que es el Koral Center, abundan la comodidad y el buen trato a los pacientes. Desde alberca y jacuzzi, hasta camastros y Smart tv con nextflix en las salas de entretenimiento para los convalecientes; terrazas para asolearse y room service para el paciente, pero lo que más asombra es la diligencia de enfermeros y galenos, que en ese santuario de la salud particular son imagen viva de la gentileza. Así, como expresara el siempre oportuno Mario Moreno Cantiflas “Oiga usted así hasta dan ganas de enfermarse…”
Allá en la clínica 38 del Seguro, quizá no hay tantas amenidades, pero en aras de favorecer la recuperación de los derechohabientes, sus doctores y enfermeros se especializaron en la medicina cronológica, cuyo protocolo es que dejar que transcurran los días, meses y años antes de suministrar una consulta o tratamiento, bajo el postulado balsámico de que el tiempo todo lo cura, esta filosofía promueve la paciencia francisana tanto que algunos pacientes aúllan por sus dolencias como el hermano lobo.
Y mientras esperaba a que el personal de la institución se dignara pasarlo a quirófano, para que le rompieran la pierna y se la reacomodaran (porque en una cirugía anterior le dejaron un nervio torcido), Ricardo podría ser con sus todas sus dolencias el interprete idóneo para cantar que del IMSS de la guaymitas al Koral Center nomás los suspiros se oyen, aunque al sufrir la apatía de los mariachis que canalizan, ponen agujas y recetan en el Seguro Social, quizá el joven obrero preferiría aventarse de palomazo aquella célebre composición del Buki que lastimosamente plantea “¿A donde vamos a parar…?”
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Los Hospitales en los cabos hacen las veces de la empresa estafeta, los renvían a La Paz….pero para que regresen en un sarcófago….y ni pedo…es la verdad….y si los mandan al H + Caro…digo + Care….no los recibirán tan solo con verle la cara…si no es güero a la calle….y si va a parir…menos …a la chusma entre + lejos mejor
ZEDILLO RATA, EN EL D.F. TIENE UNA GRAN FLOTILLA DE TAXIS, QUE SE IDENTIFICAN CON LA LETRA «Z» Y UNOS NUMEROS, PINTADOS EN COLOR VERDE EN LA CAJUELA DEL LADO IZQUIERDO, NADIE SE METE CON ELLOS