10 comentarios en “El incendio de hoy en San José del Cabo

  1. Avatar de MARAS NOOOO MARAS NOOOO

    ESTE MENDIGO DE PUERTO LOS CABOS ES UN INCHE DELINCUENTE DE CUELLO BLANCO. YA DEJA DE QUEMAR EL ESTERO Y LOS PALMARES ¡¡¡¡¡PUT… SANCHEZ NAVARRO !!!!!!!!!!……………

  2. Avatar de Carmen Carmen

    PERO TE OLVIDAS DE UNA COSA JUAN LUIS.. TE LA VOY A RECORDAR:
    CUANDO EL LIC. LEONEL ENTRO A GOBERNAR, ENTRARON CON EL MUCHISIMOS DIZQUE PERREDISTAS Y NOS DESPOJARON A LOS QUE TRABAJAMOS EN GOBIERNO, DE MEJORES OPORTUNIDADES. ENTRARON BASTANTE PREPOTENTES Y EN TODO MIRABAN PRIISTAS, CORRIAN Y PONIAN A SU GENTE LOS PERREDISTAS, HUMILLABAN Y SE DABAN UNAS ENCERRONAS CON LOS JEFES NUEVOS PERREDISTAS!!
    NADIE LOS TOLERABA YA QUE FUERON BASTANTES MALOS Y SE BURLABAN DE LA GENTE QUE CORRIAN. ¿SI O NO? UN SEÑOR VIVIA EN LA COLINA DE LA CRUZ, TRABAJABA EN GOBIERNO Y LEONEL LO CORRIO. EL POBRE HOMBRE SE INFARTO Y FALLECIO, DEJANDO 6 NIÑOS EN LA MISERIA. ESO FUE PORQUE EL HOMBRE ERA PRIISTA. LEONEL NUNCA QUISO NI RECIBIR A LA VIUDA NI MUCHO MENOS DARLE ALGUN TIPO DE APOYO. HASTA EL OBISPO DE ESE TIEMPO HABLO CON EL PARA PEDIRLE POR ESA GENTE, PERO LEONEL NI ASI SE COMPADECIO. ¿COMO LA VEN CON ESTOS HUMILDES PEDERRISTAS?
    CREO QUE AHORA LES TOCA EL OJO POR OJO DIENTE POR DIENTE COMO DICE LA BIBLIA!!
    ASI ES QUE POR MI QUE CORRAN A LOS QUE ENTRARON HACE DOCE AÑOS PERREDISTAS AUTENTICOS, AUNQUE AHORITA YA ANDAN HACIENDOLE LA BARBA A LOS PANISTAS PARA QUE LOS PONGAN BIEN ARRIBA.
    QUE LES DEJEN EL LUGAR A OTRAS PERSONAS QUE SI NECESITAN UN EMPLEO!!
    PORQUE ESO SI, LOS PEDORRISTAS QUE ENTRARON DESDE HACE 6 O DOCE AÑOS, CREIAN QUE NUNCA SE LES IBA A ACABAR LA TETA. AHORITA A LOS QUE SABEN QUE APOYARON A MACOVI, SE LA VIVEN DICIENDOLE QUE LOS PONGA BIEN. HASTA CALCAS AZULES ANDAN BUSCANDO!!!!

  3. Avatar de Escrutinio publico Escrutinio publico

    Aqui hay otra opiniòn interesante: JUAN LUIS ROJAS AGUILAR.

    Las felonías políticas de Narciso

    El 14 de noviembre de 2006, mientras los estudiantes de la UNISON y los perredistas sonorenses, encabezados por su presidenta, Hildeliza González, repudiaban la presencia de Felipe Calderón Hinojosa en Hermosillo, Narciso Agúndez Montaño reconocía legitimidad como presidente electo a FCH, quien esa vez había entrado al edificio sede del evento por la puerta de atrás, como invariablemente desde julio se veía obligado a hacer a lo largo y ancho del país.

    De ese modo iniciaba Narciso la extensa lista de traiciones que durante su sexenio habría de cometer contra los principios del PRD, contra las normas básicas del ejercicio profesional de la administración pública, contra los ciudadanos que lo hicieron gobernador, contra el equipo que lo respaldó en su ascenso al poder, contra los militantes del PRD y contra los más elementales principios éticos en la actividad política y en la conducta humana.

    En efecto, el mismo día en que los opositores obradoristas al fraude electoral cometido por Calderón y la derecha cumplían más de cuatro meses de fatigosas jornadas de resistencia civil pacífica, Agúndez tuvo la poco honrosa osadía de ser el primer gobernador perredista en otorgarle a Calderón legitimidad y servidumbre.

    Nada hubo más grato para el ilegítimo presidente electo que recibir el reconocimiento del gobernador del estado del que era originario el presidente del partido al que precisamente acababa de robarle la presidencia. Nada ha habido tampoco más indigno en los anales de la historia política de BCS que este hecho grotesco, al que por cierto no faltó quien lo calificara como un acto propio de un estadista.

    Jesús Ortega, quien se había esforzado en 2006 porque el plantón del Zócalo capitalino fuera levantado con prontitud, fue también un hábil negociador y beneficiario de acuerdos tras bambalinas con el presidente espurio de México.

    Tan pronto como Agúndez se enteró de que la figura “negociadora” y “moderna” de Ortega contaba con el beneplácito del presidente ilegítimo, se apresuró a ofrecer todo su apoyo a la candidatura del dirigente de Nueva Izquierda a la presidencia de su partido en las elecciones internas del 16 de marzo de 2008.

    Si el apoyo presidencial no impidió que las fuerzas obradoristas derrotaran en las urnas a Jesús Ortega, sí pudo evitar, en cambio, que Alejandro Encinas se alzara con el triunfo que los perredistas le habían otorgado. Ortega, sin duda en acuerdo con Felipe Calderón, llevó inusitadamente el proceso interno del PRD al arbitraje del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el mismo que en 2006 le había otorgado la cuestionada victoria a Calderón Hinojosa, y esta instancia, por supuesto, declaró ganador a Jesús Ortega, quien a partir de entonces ató definitivamente su suerte a la de FCH.

    En semejantes tratos, Narciso perdió todo recato (si alguna vez lo tuvo). Sintiéndose en los cuernos de la luna, pensó que, ahora sí, su poder no necesitaba ser localmente compartido y decidió que a partir de entonces no sólo había que ejercerlo de modo unipersonal, sino también –lo más importante– exhibirlo: que no hubiera un solo sudcaliforniano que no supiera que, a partir de sus acuerdos con Ortega y Calderón, sólo su voz tronaba en las desérticas tierras de Baja California Sur.

    De este modo, NAM decidió en agosto de 2008 que ya era hora de que en BCS se supiera quién mandaba. Sin rubor de ninguna naturaleza, congregó en su rancho “San Juan”, en la primera semana de aquel mes, a miles de perredistas para darles a conocer que sus candidatos a diputados federales en las elecciones de 2009 serían Víctor Castro Cosío y Marcos Covarrubias Villaseñor.

    Ni en los más aciagos días del autoritarismo priista se había visto que un gobernador destapara en su propia casa a los futuros candidatos de su partido. A partir de ahí, la desvergüenza del gobernante y el servil sometimiento de la dirigencia del PRD no tuvo límites.

    En 2009, en una de las más oprobiosas traiciones al PRD, Narciso Agúndez, en acuerdo con Jesús Ortega y, seguramente, a petición de FCH, decide que la candidatura a una diputación plurinominal fuera entregada, no a un militante perredista, sino a un personaje que se había desempeñado como funcionario calderonista de alto nivel en las fuerzas castrenses, el general Armando Meza Castro, quien tenía décadas de no vivir en BCS y que jamás había sido ni siquiera simpatizante del perredismo.

    La complicidad entre Narciso y Calderón ha generado en BCS las más deplorables formas de conducción de la administración pública y de práctica política. El gigantesco endeudamiento público, la nula rendición de cuentas, la absoluta falta de transparencia, todo ello desapercibido para las instancias federales, son engendros de un bizarro maridaje entre una izquierda “moderna” y una derecha antigua.

    En este cenagoso marco de referencia no resultan extrañas las más extraordinarias conjeturas, muchas de las cuales apuntan insistentemente a la existencia en BCS de una sucesión pactada por una inconfesable alianza entre la derecha y su satélite de izquierda.

    Pero, más allá de toda especulación, una verdad de a kilo es que las traiciones ideológicas de Narciso dejarán sin empleo a los miles de verdaderos perredistas de base que sufrieron sinceramente la derrota a la que fueron conducidos por sus jefes en el gobierno y sus dirigentes en el partido.

    Acaso los jerarcas del gobierno y del PRD lamenten que la suerte no los haya acompañado por más tiempo, y muchos de ellos, con ahorros suficientes, podrán esperar mejores épocas. Pero para quienes no son más que simples empleados, de esos que nada tienen que ver con las tropelías financieras cometidas por los altos funcionarios, el fracaso electoral es catastrófico en términos de sus expectativas de bienestar.

    Por otro lado, los dirigentes perredistas difícilmente podrán hacer una reflexión sincera sobre las causas profundas de su derrota, pues hoy están esperanzados en que serán los mismos responsables de la debacle quienes les darán empleo en el último reducto laboral del perredismo, que es el municipio de Los Cabos, en cuyo presidente electo ya ven al próximo candidato a la gubernatura y, tal vez, al mismísimo mesías que en 2015 habrá de redimirlos.

  4. Avatar de Escrutinio publico Escrutinio publico

    Sòlo una opiniòn: Publicado en el periodico la jornada.

    Baja California Sur
    Arnaldo Córdova

    Las recientes elecciones en Baja Sur (como dicen por allá en el norte) son un ejemplo consumado de lo que las coaliciones pueden llegar a ser y hacer. Algo de verdad insólito. Si en el pasado vimos a ex priístas como candidatos de otros partidos, ahora tenemos el hecho inédito de ver a un perredista de recambio ser el candidato de un partido de derecha como lo es el PAN. Pero el enjuague es siempre el mismo: unirse para derrotar a alguien. Unirse para qué, no importa. El caso es unirse. En medio de su mediocridad e ineptitud innatas, Zeferino Torreblanca tuvo una idea de a kilo: esas alianzas sólo sirven para ganar elecciones, no para gobernar.

    El perredismo en Baja Sur está por entero ligado a Leonel Cota Montaño. Con él se convirtió en una fuerza gobernante, como sucedió en otras partes. Y su actual crisis, en gran medida, también está ligada a él. No aceptó que nadie le compitiera su hegemonía en aquel estado. Se encontró con un hueso duro de roer, su primo, Narciso Agúndez Montaño. Éste no aceptó sus pretensiones y lo enfrentó una vez dueño del poder estatal. El resultado fue un choque de trenes y la derrota del PRD en las pasadas elecciones. Cuando el poder y la tradición caciquiles norman la vida política las cosas no pueden terminar de otro modo.

    Todo empezó con un proceso más o menos normal. Se convocó a una elección interna en la que las diferentes cartas fueron expuestas y en ella tomó ventaja desde el principio Marcos Covarrubias Villaseñor. Hasta se le dieron los puestos municipales y las diputaciones que él quería. Cuando todo parecía ir sobre ruedas, se levantó y abandonó la sesión del consejo perredista y dijo que ya no jugaba. Poco después, el PAN lo hizo su candidato. Era un hecho que él iba a ser el candidato del PRD. ¿Qué fue lo que pasó? Para contestar esa pregunta, como en todas las cosas, hay que ir leyendo la naturaleza de las cosas.

    El caso de Nayarit, que tendrá próximamente elecciones, se entrometió en el asunto. En ese estado, los Chuchos han logrado un acuerdo con los panistas en una alianza PRD y PAN. Acosta Naranjo, uno de sus principales exponentes, será el candidato de ambos partidos. Pero los panistas, que en Baja California Sur jamás han sido una fuerza política de cuidado, exigieron que el candidato fuera un panista. Como eso no era posible, el arreglo final fue que Covarrubias figurara como su abanderado. Los Chuchos dejaron fuera de la negociación al gobernador Agúndez y se entendieron directamente con Covarrubias. Éste sería el candidato del PAN.

    Eso todo mundo lo sabe en Baja Sur. No es un misterio como los que encierra el caso de Guerrero. En un estado de tan reducida población tampoco hay para muchos misterios. Los que votaron por Covarrubias fueron, masivamente, los mismos que habían votado antes por los candidatos perredistas. Muchos otros de ellos también votaron por el candidato del PRI, Ricardo Barroso Agramont. Los priístas, cuyo triunfo también vaticinó la señora de los huipiles y, como de costumbre, perdió, cacarean su segundo lugar como un triunfo en una entidad en la que, desde Cota Montaño, casi desaparecieron. Fue, sin duda alguna, un voto de castigo y también selectivo.

    Los perredistas están lejos de saber leer los resultados. Todavía no pueden entender que la ciudadanía los repudió por sus pugnas internas (como siempre) y les hizo pagar en las urnas sus garrafales errores. Y eso no sólo por lo que toca a Agúndez Montaño, sino y sobre todo, a Cota Montaño. Este caso es de verdadera antología. Leonel Cota siempre ha sido un político de pocas luces y muy dado al rencor que lo lleva a la bajeza. Está enojado con López Obrador por algo que él piensa que le hizo cuando fue candidato presidencial. Un día, hace menos de un año, cené con él en La Paz y me contó una historia truculenta de cómo los empresarios mexicanos decidieron romper con López Obrador. Éste habría sido el causante de que los dueños del dinero le declararan la guerra a muerte. Yo conozco la historia de primera mano y sé que es falsa.

    El fin que ha tenido Leonel Cota es de verdad miserable. Se prestó a ser candidato a presidente municipal del Panal en Lo Cabos y acabó llamando a votar por el PRI, enceguecido por el odio hacia su primo el gobernador Agúndez que lo privó de todo su poder caciquil. Por lo visto, odia también al PRD, partido que le dio el poder. No puede admitir que como político ha sido una nulidad que sólo ha generado divisiones y discordias en su partido. Éste obtuvo apenas poco más de la mitad de la votación que Covarrubias sacó con el PAN y quedó en un lejano tercer lugar. Hace un año, nadie podía imaginar que el PRD, aun con todas las furias desatadas entre Cota y Agúndez, podía perder el poder en Baja Sur.

    El futuro del PRD se antoja difícil de predecir. Creo que ahora, luego de la debacle miserable de Cota, no podrá ser más que un partido «agundizta». No es un gran futuro, porque Agúndez también es un político de cortas miras y sin ninguna tradición en la izquierda. Los perredistas en Baja Sur se sienten abrumados por la derrota, que saben que se debe a sus propios líderes, y desorientados. Ahora les queda muy poco. Habrá que ver si se confirman sus triunfos en Los Cabos y Mulegé; tendrán sólo tres diputados de mayoría en el Congreso local. No tienen brújula y no saben, en realidad, qué hacer.

    Todo ello, empero, sólo queda para la crónica local. Aquí lo verdaderamente notable son las maniobras de las dirigencias nacionales en la contienda y el modo desvergonzado en el que se entendieron para alcanzar los resultados que apetecían: Nayarit para el PRD y Baja Sur para el PAN, con un candidato perredista. No se puede imaginar mayor obscenidad entre partidos de signos tan antagónicos (en teoría). El colmo de la impudicia fue ver a Jesús Ortega todo compungido por la derrota de su candidato, Luis Armando Díaz, cuando la verdad es que debe haber estado celebrando el resultado buscado y obtenido.

    Toda la suciedad que se ha visto en Baja California Sur (y también en Guerrero) desnuda de cuerpo entero la verdadera naturaleza de las coaliciones entre PRD y PAN. Es inútil andar confrontando los diferentes programas políticos de ambos partidos. En eso no hay principios ni ideales, sólo intereses electoreros que se imponen desvergonzada y pragmáticamente. Da grima pensar la política en los términos en que se plantea desde la óptica de las alianzas. El grado de abyección a que han llegado Calderón y sus cipayos los Chuchos no reconoce paralelos ni antecedentes. Baja Sur es un verdadero baldón en la historia nacional de la izquierda y, por lo que se ve, va a resultar demasiado costoso.

    A nadie entre los perredistas de Baja California Sur alegra que el triunfador en las elecciones locales sea un individuo de extracción perredista, traidor a su partido y logrero que sólo buscaba su hueso. Pero para el PRD eso significa una auténtica tragedia, aparte de una derrota buscada y conseguida. Este partido no ha cuajado como una verdadera organización de programa y de principios. Bajo sus siglas fluyen la corrupción y el oportunismo. Un día el PRD deberá desaparecer, para dar lugar a una formación política de izquierda verdadera.

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